Necr??polis de Col??n: encuentro con el silencio
Necr??polis de Col??n: encuentro con el silencio??
Con una historia de 129 a??os de edad, la Necr??polis de Col??n figura hoy como un s??mbolo imponente del encuentro de la Cuba actual con el silencio, en recuerdo a las generaciones que descansan en el camposanto habanero.
El tambi??n conocido como Cementerio de Crist??bal Col??n tuvo su inicio en un proyecto del arquitecto de origen gallego Calixto Arellano de Loira y Cardoso, graduado de la Real Academia de Artes de San Fernando de Madrid.
El citado profesional present?? una propuesta ganadora en 1869 del concurso para el nuevo cementerio de la capital cubana, divulgada bajo el t??tulo de «La p??lida muerte entra por igual en las caba??as de los pobres que en los palacios de los reyes».
Los primeros trabajos dedicados a la nueva ??rea de descanso final para los fallecidos se iniciaron en octubre de 1871, y ya en ese propio siglo la fama de la Necr??polis de Col??n recorri?? en mundo entero en la mano de las gu??as tur??sticas de la ??poca, encargadas de divulgar los sitios de mayor inter??s en la capital de Cuba.
Verdadero monumento arquitect??nico de la antig??edad, la Necr??polis de Col??n cuenta adem??s con el honor de ser el ??nico cementerio americano dedicado al gran navegante, descubridor de la isla y de otros importantes destinos en el continente.
Precisamente, las rejas de hierro forjado del camposanto, encargadas de cerrar los vanos de la llamada Puerta de la Paz, recogen en tres C (CCC) ese homenaje a quien llam?? a la ??nsula «La tierra m??s hermosa que ojos humanos han visto».
El acceso m??s importante a la amplia explanada del silencio est?? en la majestuosa portada norte, donde se desarrolla el motivo escult??rico del arco de triunfo, con una altura m??xima de 22,5 metros.
S??mbolos irrepetibles atraen a los visitantes al cementerio, caracterizados por antorchas invertidas que recuerdan el t??rmino de la existencia humana, acompa??adas de ramas de laurel y de relojes de arena alados, los cuales marcan con el descenso de sus granos lo irreversible de la vida terrenal.
En ??pocas posteriores, y m??s exactamente en 1901, un conjunto escult??rico -elaborado en Italia por el escultor cubano Jos?? Villalta Saavedra- complet?? la coronaci??n del ??tico de la puerta norte, ejecutado en el mundialmente conocido m??rmol de Carrara.
La obra, titulada «Las Tres Virtudes Teologales» -Fe, Esperanza y Caridad- se vio acompa??ada en esa ocasi??n de una inscripci??n en lat??n (Janua Sum Pacis), la cual precisamente sirvi?? para otorgar a ese acceso la denominaci??n de Puerta de la Paz.
La principal entrada al mundo de los no vivos se vio complementada en su decoraci??n con dos medallones, aleg??ricos a «La crucifixi??n de Jes??s» y «La resurrecci??n de L??zaro», los cuales sirvieron de respaldo al papel jer??rquico de esa entrada al camposanto habanero.
Hacia el interior del silencioso sitio, dos amplias avenidas -llamadas de norte a sur Crist??bal Col??n y Obispo de Espada y de este a oeste Fray Jacinto- sirven de marcador principal para la divisi??n del cementerio en cuatro ??reas, llamadas en sus inicios cuarteles.
Precisamente en esas zonas, hasta hoy en d??a llega el descanso de miles de cubanos, acogidos en el seno del cementerio bajo la tutela de los centenares de panteones o simplemente en la tierra que sirve de refugio a los cuerpos de los habitantes de esta isla cuando abandonan la vida.









